Solá se pondrá en la piel de un famoso y reconocido autor y director teatral, quien decide
sumergirse en su pasado. Siendo un verdadero artífice de la palabra y de las bellas e
inteligentes estructuras dramáticas, decide hacerlo frente a público y como una suerte de
certero cirujano o cauteloso y paciente arqueólogo, va descartando lo superfluo y rescatando lo esencial. Para hacerlo, necesita imperiosa e imprescindiblemente volver a convocarla. A ella. A esa única e irrepetible mujer interpretada por Mercedes Funes. Porque sabe que en “ella” se encuentran todas las claves y todas las respuestas que está buscando y rastreando y que necesita imperiosamente desenterrar y re encontrar.
El público será testigo de este minucioso regreso hacia el pasado. Podrá observar un viaje
teatral a corazón abierto. Sin prejuicios, ni preconceptos. Sin defensas, ni prevenciones. Casi en una suerte de acto heroico, el escritor se atreve a convocarla nuevamente. Y al hacerlo, la atrapa y lo atrapa. La descubre y se redescubre. La afirma y lo reafirma. Y lo hace por el infinito placer de volver a reír, a gozar y a soñar con ella. Lo hace tal vez porque fue lo más parecido al amor que le sucedió en toda su vida. Lo hace “por el simple placer de volver a verla”.